Abordamos este poemario como un sosegado delirio. El viaje que propone consta de tres fuerzas vitales. La ocultación, el deseo y “la refracción” en la palabra. La exploración del “yo poético” se expone, más allá del territorio lírico, en un ejercicio de dialéctica hegeliana. El Lenguaje simple y profundo –la tesis–, requiere de lo oculto, de lo desconocido y su exaltación. La apropiación que sigue, la de la imagen y el sentido, –la antítesis–, se cristaliza en los altares de sal. Aunados en la palabra, sin tejidos externos ni costuras, refractan la luz. Las ondulaciones que se forman, oceánicas para el ojo, se elevan con el viento y regresan de nuevo a su orígen. Este movimiento –la síntesis–, es constante como el de las olas; corroe y a la vez, transforma.

Este poemario digital se compone de tres fuerzas naturales. La ocultación, la exploración del deseo y la palabra. Abordamos este viaje en un sosegado delirio. La intimidad, el “yo poético”, se desnuda en un ejercicio de dialéctica hegeliana: tesis, antítesis y síntesis. Más allá del territorio lírico, una palabra simple –y profunda– requiere de lo oculto, de lo desconocido y su exaltación. La apropiación que sigue, la de la imagen y el sentido, crece en los altares de sal. Aunados en la palabra, sin tejidos externos ni costuras, dan luz al gran océano –la síntesis– que se eleva con precisión en el viento y vuelve a su orígen. Este mismo movimiento corroe y a la vez, transforma.

Altares de sal

I.

Observa como el grillo
frota sus alas
escondido en la hierba,

su poesía
es el canto nocturno

que perpetua la especie.

II.

Renunciar a lo inútil
de escribir poesía
como se renuncia
a la crisálida,

la revelación está en fuga,

siempre marchándose
o llegando.

III.

Para rendirse a la poesía
hay que notar la urgencia
de la hierba,
que sin el rocío muere de sed,

o la elevación
en una casa de ladrillos
que multiplica su espacio
para dar cobijo
a los hijos de los hijos,

dormir a cielo abierto
cuando el cielo es un techo de lata

y aceptar el hambre en la palabra,
entregarla
sin maquillaje.

IV.

Antes de escribir,
cortar la mano,

evitar a toda costa
el conjuro pretensioso.

V.

La vida que aspira a la poesía
es ciega
y aún así
jamás cierra los ojos.

VI.

…la poesía es
                       (está).

VII.

El verdadero placer
se alcanza en el poema
que ha perdido sus palabras,

el que no cantan los pájaros
ni los verduleros en la calle.