I.
Observa como el grillo
frota sus alas
escondido en la hierba,
su poesía
es el canto nocturno
que perpetua la especie.
II.
Renunciar a lo inútil
de escribir poesía
como se renuncia
a la crisálida,
la revelación está en fuga,
siempre marchándose
o llegando.
III.
Para rendirse a la poesía
hay que notar la urgencia
de la hierba,
que sin el rocío muere de sed,
o la elevación
en una casa de ladrillos
que multiplica su espacio
para dar cobijo
a los hijos de los hijos,
dormir a cielo abierto
cuando el cielo es un techo de lata
y aceptar el hambre en la palabra,
entregarla
sin maquillaje.
IV.
Antes de escribir,
cortar la mano,
evitar a toda costa
el conjuro pretensioso.
V.
La vida que aspira a la poesía
es ciega
y aún así
jamás cierra los ojos.
VI.
…la poesía es
(está).
VII.
El verdadero placer
se alcanza en el poema
que ha perdido sus palabras,
el que no cantan los pájaros
ni los verduleros en la calle.