(Se recomienda el uso de audífonos para escuchar la canción después de leer el poema)
En el hervidero de gases
de esta ceiba enferma
nacen pequeños brotes
de hombres y mujeres.
No duermen,
cierran sus ojos
cuando el murciélago
roba sus frutos
y esperan amontonados
el canto de los gallos
para iniciar su viaje.
La ceiba
no los puede alimentar.
La putrefacción los persigue,
pero ellos rompen la piel de los gusanos
con sus propios dientes,
trepan la corteza llena de espinas
y escalan entre larvas y carne muerta.
En la sangre de viejas heridas
de las ramas más altas
crece una flor dulce,
la promesa
de los que sobreviven.