Nuestros ojos no dudan,
se afilan juntos.
La piel de tu vientre
me llama
y quiero que desaparezcan
las paredes de agua
que separan la tierra
de ambos continentes,
fundir el hormigón
que envenena estas capitales,
destrozar todo lo que nos separa,
enterrarlo,
aplanar el camino
y llegar hasta a tu puerta,
pero la vejez,
cómo nos
arrulla.