Abordamos este poemario como un sosegado delirio. El viaje que propone consta de tres fuerzas vitales. La ocultación, el deseo y “la refracción” en la palabra. La exploración del “yo poético” se expone, más allá del territorio lírico, en un ejercicio de dialéctica hegeliana. El Lenguaje simple y profundo –la tesis–, requiere de lo oculto, de lo desconocido y su exaltación. La apropiación que sigue, la de la imagen y el sentido, –la antítesis–, se cristaliza en los altares de sal. Aunados en la palabra, sin tejidos externos ni costuras, refractan la luz. Las ondulaciones que se forman, oceánicas para el ojo, se elevan con el viento y regresan de nuevo a su orígen. Este movimiento –la síntesis–, es constante como el de las olas; corroe y a la vez, transforma.

Este poemario digital se compone de tres fuerzas naturales. La ocultación, la exploración del deseo y la palabra. Abordamos este viaje en un sosegado delirio. La intimidad, el “yo poético”, se desnuda en un ejercicio de dialéctica hegeliana: tesis, antítesis y síntesis. Más allá del territorio lírico, una palabra simple –y profunda– requiere de lo oculto, de lo desconocido y su exaltación. La apropiación que sigue, la de la imagen y el sentido, crece en los altares de sal. Aunados en la palabra, sin tejidos externos ni costuras, dan luz al gran océano –la síntesis– que se eleva con precisión en el viento y vuelve a su orígen. Este mismo movimiento corroe y a la vez, transforma.

Matar la distancia

Nuestros ojos no dudan,
se afilan juntos.

La piel de tu vientre
me llama
y quiero que desaparezcan
las paredes de agua
que separan la tierra
de ambos continentes,

fundir el hormigón
que envenena estas capitales,

destrozar todo lo que nos separa,
enterrarlo,
aplanar el camino
y llegar hasta a tu puerta,

pero la vejez,

                  cómo nos
                  arrulla.